COLOMBIA SECRETA

LAGUNA DE LA PLAZA

Los iluminados  de las lagunas

NOTICIAS | 2014/12/22 1:08 pm

Texto y fotos: Andrés Hurtado García

¿Qué hilos secretos, qué afinidades, qué pactos misteriosos existen entre el hombre, el poderoso hombre transformador de la Tierra y la humilde agua, que corre por el suelo, ensuciándose de tierra? El misterio no se resuelve simplemente diciendo que la relación entre ambos seres es obvia y utilitaria desde que el primero lava su ropa con la segunda, con ella prepara los alimentos, con ella se baña, ella mueve las turbinas de la electricidad y transporta los barcos por ríos y mares, ella sirve para regar las matas, lavar pisos y carros y sobre todo calmar la sed y refrescar en las despiadadas canículas del verano y de los países tropicales. La lista del despiadado uso y malgasto del líquido por el hombre es muy larga.

Hay un detalle nimio, casi tonto, que me hace pensar que los usos que el hombre hace del agua van más allá de la simple utilidad y es este: no existe morada humana en la que no haya un paisaje de agua adornando las paredes, especialmente si se trata de lagos y montañas. El agua es la placidez total, reconcilia al hombre con la naturaleza, con la vida y con la belleza del cosmos. No solamente nuestro cuerpo es agua en un alto porcentaje sino que los nueve primeros meses de nuestra existencia, cuando calladamente en el seno materno se iba formando nuestra materialidad, asiento que sería de nuestra espiritualidad, esos nueve meses los vivimos inmersos en el líquido que nos fue moldeando.

Y hoy, cuando la humanidad busca cada vez más espacios de descanso y distracción, en lo que se llama turismo, el agua es el primer destino de las multitudes y de los nómadas solitarios.

La materialización más sublime del elemento H20 son los lagos; ellos representan la placidez total y su contemplación hunde al hombre en dulces melancolías y profundas elucubraciones. Sentado en una piedra a orillas de uno de los lagos de Sils-María en la Alta Engadina, Federico rumiaba sus pensamientos y asentaba las bases de su Übermensch, su superhombre. Mis caminos por la faz de la tierra tendrían que llevarme alguna vez a Suiza, a esa piedra llamada la del Eterno Retorno, la piedra de Federico.

Horas enteras he gastado, otros dirían invertido, sentado al borde de la Laguna de la Plaza, una de las muchas del Parque Nacional Natural de la Sierra Nevada del Cocuy o de Güicán. El resultado de mis elucubraciones al borde de la laguna, no ha cambiado el mundo como sí lo hicieron las de Nietzsche,

pero ayudaron a purificar mi vida y darle un sentido más trascendente. Por eso amo tanto estas montañas y lagunas de la Sierra del Cocuy, que desafortunadamente hoy no se pueden recorrer en su totalidad. La laguna duerme su sueño glaciar enmarcada, cercada, mejor aún, custodiada por montañas de salvaje hermosura, en el sector meridional de la Sierra.

En estas montañas he vivido momentos difíciles que van desde un rescate que incluía montañistas perdidos y uno muerto hasta detalles curiosos como unos excrementos secos que encontré debajo de unas rocas en lo que parecía ser la cueva de un animal grande. Entendí que podían ser interesantes para un biólogo, como en efecto ocurrió. Se los traje cuidadosamente envueltos y tratados “con cariño” para que no se desbarataran, al “Mono” Hernández, el sabio más grande del neotrópico. El científico se puso feliz y con un humor muy fino me dijo que nunca habían estado tan contentos con unas “cosas de esas” en las manos. Encontró que eran excrementos de un puma, lo que ya de por sí era un dato

interesante para saber la fauna que podía habitar o circular transitoriamente a esas alturas. Por lo demás encontró evidencias de otros animales al examinar “esas cosas”. En efecto el puma se encuentra en la cima de la cadena trófica de los animales terrestres de la zona.

Esas contemplaciones que me hunden buceando en las profundidades de mi espíritu se dan sobre todo al amanecer, cuando en el verano el sol, rodando desde las lejanías del Orinoco y corriendo por los Llanos llega a chocarse contra las paredes orientales de los picos de la Sierra, encendiéndolos en rojo, que luego se desvanece a amarillo fuerte para terminar en el color original de las rocas. Esta experiencia, varias veces repetida, cuando los encargados del Parque Natural dejaban entrar, ha sido una de las más profundas de mi vida. “Creció mi vida en esas horas como crece el maíz por la noche”, me he dicho con Henry David. La Sierra Nevada del Cocuy, sus montañas y lagunas y su largo recorrido de norte a sur, me han lanzado siempre al límite de mis emociones.

Quizás fuera Thoreau el que me impulsó la primera vez, por los años setenta del ya siglo y milenio pasados (“¡Cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando!”) a hundirme, sí esa es la palabra, en las entrañas de la Sierra del Cocuy. En ese tiempo la nieve

llegaba “hasta abajo”. Hoy por culpa del desafuero y de la suicida insensatez de los seres humanos, la nieve retrocede y ya no quedan sino reductos de neveros y glaciares. Luego vi que llegaron escaladores y caminantes a los dominios de la Sierra, muchachos que hablaban encendidos de amor por las montañas.

Varios de ellos gordos hoy, pacíficos ciudadanos, no las recuerdan ni quieren saber mucho de ellas. Thoreau marcó definitivamente mi vida hasta el punto de poder decir que soy así, para bien o para mal, sobre todo para bien, por culpa suya. Este ciudadano del siglo antepasado, maestro de escuela, se retiró a vivir solo, en una cabaña de madera que él mismo se construyó, a orillas del lago Walden, cerca de Concord en Massachusetts y desde allí iluminó al mundo. Este fue su experimento, dos años en soledad al borde de un lago. Entre otras cosas escribió: “Civil desobedience” o “El deber de la desobediencia civil”. Y de él se ha dicho que el experimento más importante llevado a cabo en Estados Unidos fueron los dos años que vivió a orillas de la laguna y que el ensayo más valioso escrito en el país es “Civil desobedience”. ¡Oh, el poder de la soledad y de las lagunas!

Una de mis “ocupaciones” es, (era) darle la vuelta completa a la laguna, haciendo las cosas como se las hace y cuando se las hace con amor, despacio. Del lado oriental se encuentran los Picos de la Plaza, en los que queda todavía un puñado de nieve. Son rocas escalonadas. Algunos frailejones crecen entre las enormes piedras y proporcionan un excelente motivo para fotografías. Del lado de las gigantescas paredes orientales de los picos Toti y Pan de Azúcar el terreno está compuesto por arena y grandes acumulaciones de piedras, dejadas allí por los extintos glaciares que bajaban del Paso de Bellavista. Estas pedreras se llaman morrenas. El Paso de Bellavista comunica las dos partes de la Sierra, la occidental en la que se encuentra la Laguna Grande de la Sierra y la oriental de la Laguna de la Plaza. En esta parte hay matorrales que parecen jardines celestiales. Los “Senecios niveoaureus” coronados con brillantes inflorescencias amarillas; los “Senecios formosus”, impropiamente llamados árnica por los campesinos y coronados, ellos también, por flores moradas; los frailejones, hermosos siempre, con sus enormes manojos de flores amarillas; variadas florecitas NN, de vivos colores, rojas y azules; y sobre todo los “Lupinus alopecurioides”, cumbre de la belleza vegetal de la alta montaña, todos ellos forman un jardín difícilmente encontrable en otros ecosistemas del planeta. ¿Y cómo es él, cómo son ellos, los lupinus? Entre el rosetón de hojas verdes, casi siempre cubiertas con gotas de rocío que brillan al sol como diamantes, se levanta una espiga que puede alcanzar hasta 70 centímetros de altura, cubierta con minúsculas florecitas blancas, del más níveo color, que forman todas ellas un pequeño mástil de algodón.

Una vez encontré un cusumbo que salía de su madriguera y me miraba curioso, no parecía tener miedo; se ven pequeños saltamontes rojos. La laguna desagua por una cascada de unos tres metros de altura y el río que se forma desciende hacia los Llanos Orientales con la mira puesta en el lejano Orinoco. Allí al borde encontré en otra ocasión una hermosa mariposa nocturna. En fin, que la augusta soledad de estos páramos no es tan sola; bulle la vida interior en el nómada que en ellos se adentra y la vida exterior también se siente pujante, especialmente cuando las águilas y los cóndores vigilan desde el cielo.

Como Zaratustra cuando bajaba iluminado de la montaña, así he creído yo descender de la Sierra y de las lagunas del Parque Nacional Natural de la Sierra Nevada del Cocuy o de Güicán.

 

Localización. Centro oriente de Colombia, en jurisdicción de Chita, El Cocuy, Güicán, El Espino, Chiscas y Curabá (Boyacá), Tame y Fortul (Arauca) y Sácama (Casanare). ¿CÓMO LLEGAR? Vía terrestre. Desde Bogotá son 440 kilómetros (10 a 11 horas): por la autopista Norte hasta Soatá (Boyacá) y desde allí por Boavita, La Uvita, San Mateo, Guacamayas y Panqueba hasta llegar a El Cocuy o Güicán. Otra alternativa desde Soatá es por Tipacoque, Capitanejo, El Espino, Panqueba y El Cocuy o Güicán. Desde Bucaramanga: por Málaga, Capitanejo, El Espino y Panqueba hasta El Cocuy o Güicán (8 a 10 horas). Creación. 1977. Extensión. 306.000 hectáreas. Altitud. Entre 600 y 5.330 msnm. Climas. Frío, páramo y templado. Temperatura. De 4 a 20°C. Ecosistemas. Bosque andino, páramo, nevado y selva. Flora. Frailejón, encenillo, chusque, abarco, senecios, epífitas, valeriana, cedro, totumo, entre otras especies. Fauna. Oso de anteojos, danta de páramo, tigrillo, puma, venado, mico maicero, morrocoy, cóndor, águila real, gallito de roca, paujil, cucarachero, perico, entre otros. Actividades. Escalada, senderismo, investigación, educación ambiental, avistamiento de aves y observación de flora y fauna. Servicios. Camping, centro de visitantes (cabaña con alojamiento para visitantes) y restaurante, alojamiento y transporte ofrecido por habitantes de la región.

RECOMENDACIONES. Solicitar en El Cocuy o Güicán de la Sierra seguro de rescate y asistencia (obligatorio), llegar a la zona con mínimo un día de antelación para aclimatarse, ir con guía local autorizado, no visitarlo en caballo, registrarse en cualquier oficina asignada para tal efecto, no extraer fauna, no dejar basura, flora o minerales, no cazar ni molestar especies. Llevar bloqueador solar, lentes con factor de protección UV, hidratación, linterna, ropa impermeable y botiquín de primeros auxilios. OPERADORES. Asociación de Prestadores de Servicios Ecoturísticos de Güicán y El Cocuy (Aseguicoc): Cels. 311 255 1034 - 311 557 7893 - aseguicoc@gmail.com. Oficina de Atención al Usuario de Parques Nacionales: PBX (571) 353 2400 - 353 2400 Exts. 138 y 139 - atencionusuario@parquesnacionales.gov.co; ecoturismo@parquesnacionales.gov.co.

 

Güicán de la Sierra

Localización. Sobre la cordillera Oriental, departamento de Boyacá, a 255 km de Tunja. Significado. “En el cercado de la esposa”, en lengua chibcha. Fundación. Febrero 26 de 1756. Extensión. 934 km². Altitud. 2.983 msnm. Temperatura. 13°C. Economía. Ganadería y agricultura (papa, arveja, maíz, habas, entre otros). Atractivos. Sierra Nevada de Güicán, la Cueva de la Cuchumba, petroglifos de Malpaso, capilla de la vereda de San Antonio de la Cueva, Peñón de los Muertos, Monserrate, aguas termales y monumento tributo a los indígenas u’was.

 

El Cocuy

Localización. Noreste de Boyacá, en la cordillera Oriental colombiana.

Fundación. Febrero 28 de 1541, por el capitán Gonzalo García Zorro.

Extensión. 253 km². Altitud. 2.750 msnm. Temperatura. 14°C, en promedio. Economía. Agricultura (papa, maíz, trigo, cebada y haba, primordialmente), ganadería (bovinos, ovinos y caprinos) e industria de lácteos. Atractivos. Arquitectura colonial y republicana, la Sierra Nevada de El Cocuy, cerro de Mahoma, pico de la Conquista, lagunas del Ternedero, del Palchacual y de Las Lajas. Actividades. Caminatas ecológicas por caminos reales, rutas campesinas, cabalgatas, camping, pesca deportiva y deportes extremos y de aventura.

 

Chita

Localización. Noreste de Boyacá, a 189 km de Tunja. Significado. “Nuestra Tierra”, en lengua chibcha. Fundación. Marzo 28 de 1797, por el padre José de Arce. Extensión. 748 km². Altitud. 2.964 msnm. Temperatura. 11°C en promedio. Economía. Agricultura (maíz, yuca, caña, mora y plátano), ganadería (vacuno y ovino), explotación maderera y comercio.

Atractivos. PNN de Pisba, PNN de El Cocuy, laguna del Pedregal y laguna de Eucas.

Carrera 13 N.º 90-20

Oficina 308

Bogotá D. C., Colombia

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